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POR: JAIRO PEREZ RICARDO
Autor de los libros Colombia, Ecología y Tragedia
y Colombia, Ecología y Esperanza
En los litorales del mar, las lagunas de agua dulce o salobre y en menor proporción en los ríos, son los únicos sitios en el cualquier parte del mundo, donde se puede obtener después de una faena de pesca, una porción de proteína de calidad, incluso si uno es muy pobre, pero tiene la voluntad de conseguir el alimento.
Desde las tropicales costas desérticas de Mauritania, pasando por las alucinadas playas azules del pacífico en Malasia, hasta Puerto Mocho en Sur América, habrá siempre un sitio en que se pueda obtener proteína a bajo precio, usando solo la fuerza de los hombres, solo si se conservan los ecosistemas y se respetan los litorales.
Puerto Mocho, de acuerdo con la versión de Santander Caraballo (Presidente de ASOPESCAR, en el Barrio las Flores, localizado entre el tramo final del Río Magdalena y la ciénaga de Mallorquóin), en Barranquilla, es un nombre antiguo que hace alusión a la época en que los sábalos descomunales mataban a los hombres y se debían capturar con dinamita, esa poderosa sustancia inventada por el padre los Premios Nobel. Muchos pescadores, perdieron sus brazos o sus manos como resultado del mal uso de los explosivos. Otras manos fueron cercenadas por los escualos, durante el frenesí que les causaba la sangre de cantidad de peces que quedaban muertos por las ondas sonoras, después de la explosión de los tacos usados para la cacería de cardúmenes, en el mar proceloso de Bocas de Cenizas.
El Mocho Vaca, El Mocho Conce, son nombres que evocan los albores del asentamiento de los pescadores que provenían de Puerto Cupino, antiguo nombre de Puerto Colombia, cuando aún existía la isla de Belillo, antes de que sucumbiera a la arremetidas de las corrientes embravecidas por la construcción de los tajamares.
Ernest Heminway enseño magistralmente en "El Viejo y el Mar,"
que los sueños y el sacrificio están vinculado a la profesión
de pescador desde siempre, por alguna divina conjura como diría
Humberto Eco. El desafío a lo desconocido, la amenaza de las fuerzas
del viento y del mar, son una constante para los pecadores en todos los
mares del mundo, lo mismo que en cualquier sitio donde haya agua, se pueda
navegar y pescar, incluyendo el lago de Tiberiadis, donde pescaba Pedro,
ese devoto discípulo que afortunadamente para él, de acuerdo
con la historia, iluminado por el gran maestro, cambió su duro oficio
en el Mar de Galilea, por el de pescador de hombres, para la causa de un
dios poderoso, en todo el mundo.
Los pescadores del barrio las Flores de Barranquilla, provienen de esos primeros núcleos humanos que se asentaron en puerto mocho y con posterioridad se fueron desplazando por la orilla de la ciénaga de Mallorquín y poblaron lo que es hoy el barrio las Flores.
Los pescadores artesanales son una realidad social y humana en la costa
de todos los mares del mundo, con una gran importancia en las regiones
pobres de todo el planeta, desde los pescadores de lisa de Mauritania que
se ayudan con los defines, hasta los abesados indios wayú de la
Alta Guajira de Colombia que tienen en la pesca su única fuente
de subsistencia.
La pesca artesanal es una ocupación básica de las comunidades rurales y de los habitantes de los litorales de Colombia, que procede de la época prehispánica, razón por la cual tiene gran arraigo, no solamente en la mentalidad de los colombianos sino que además aporta la única fuente de proteínas de calidad a las que tienen acceso las comunidades marginadas.
Los pueblos indígenas que poblaban el territorio actual de Colombia con anterioridad a la llegada traumatizaste de los colonizadores españoles, dependían en gran medida de la pesca como fuente de alimentación y en algunos casos como en los Zenues, la pesca fue fuente de riquezas. En los cementerios de Maracayo, localizados en el actual territorio del departamento de Córdoba en la zona litoral de la ciénaga de Betancí, Los soldados de Pedro de Heredia demoraron 10 años desenterrando el oro almacenado en las tumbas, de las cuales saquearon uno de los más grandes tesoros que pueblo alguno América hubiese amasado. Ese tesoro procedía en parte de la explotación de las ricas Subiendas de peces del Río Sinú, los cuales después de procesados como Challo (Harina salada y secada al sol), era cambiada por oro, telas y herramientas.
La pesca artesanal es una fuente de empleo y subsistencia para millones de personas en todo el mundo, pero cada día está más amenazada por diferentes factores desencadenados por el desarrollo y la corporativización de las sociedades.
En Colombia la pesca artesanal es una ocupación de mucha importancia, que se ha deteriorado por el mal manejo de los recursos naturales. De conformidad con la investigación que realicé para escribir el libro "Colombia, Ecología y Tragedia", solamente en la Región Caribe se han deteriorado 100.000 ( Cien mil) hectáreas de ciénagas.
Las ciénagas de agua dulce de la cuenca del río Magdalena,
también han sido afectadas por 14 causas claramente determinadas,
contra las cuales el Estado muy poco hace para controlarlas, pues las más
importantes son el resultado de un modelo de desarrollo que contempla la
protección de los recursos naturales.
En Colombia los pescadores artesanales de la zona litoral del Mar Caribe, han experimentado grandes pérdidas en los últimos 30 años como resultado de un modelo desarrollo que no ha considerado de manera integral los impactos ambientales de las obras de infraestructura llámese carreteras, puentes, oleoductos, puertos o tajamares.
La pérdida del empleo de millones de personas y la disminución de la calidad de la vida de los 4 millones de habitantes de los litorales de Colombia son las graves consecuencias de la ruina de la pesca artesanal de Colombia.
La pesca industrial, realizada en los océanos, con una inversión
fuerte en capital para la dotación de barcos, redes y equipos auxiliares,
cada desplaza a muchos pescadores artesanales, los cuales dependen únicamente
de su esfuerzo persona. Generalmente el equipo de un pescador artesanal
incluye una atarraya, una pequeña canoa y una esperanza larga, cada
día más larga, como diría Piero o el gran poeta de
CORELCA, José Riveros Ruiz.
Las comunidades de pescadores de las Flores y en general de la ciénaga de Mallorquín, habitantes de la urbanización la Playa, cada día ven más oscuro su futuro, porque los ecosistemas de que dependen para su subsistencia se contaminan más y las obras de ingeniería que se adelantarán en esa zona, si bien contemplan las variables ambientales y sociales, la forma de implementar en la práctica las soluciones no es clara, debido a la compleja organización que debe desarrollarse para ejecutarlas.
Creo como dije en el libro Colombia, Ecología y Tragedia, que la pesca en Bocas de Cenizas, y la ciénaga de Mallorquín, no solo debe defenderse, sino además mejorarse con la intervención oportuna del Estado, puesto que su capacidad de ofrecer ingresos es insustituible, mucho más en estos momentos en que el país presenta los mayores índices de desempleo de la historia.
El desarrollo no puede ni remotamente alterar la capacidad productiva de los ecosistemas naturales.
Es muy lógico pensar que si el Estado no está en capacidad de generar empleos como lo pregona a diario el Ministro de Hacienda, no pude permitir que se afecten los ingresos que recibe la población, provenientes del medio natural, por pequeños que sean.