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Es una opinión generalizada a nivel mundial, apoyada por muchos intelectuales de Colombia, que debemos crear con base en la educación una nueva ética, como dice el gran pensador Ciro Angarita, que parta de reemplazar la concepción antropocéntrica por una concepción biocéntrica del mundo.
Debemos entender y enseñar a nuestros niños que el hombre no está sobre este planeta para dominar la naturaleza y someter a las bestias de la tierra y del cielo, como se ha enseñado desde diferentes concepciones anteriores, sino que nos pertenecemos a la naturaleza, conjuntamente con nuestro cuerpo, sangre y espíritu, de una manera muy vinculante.
Esta nueva ética, debe además permitirnos generar unas nuevas formas de relaciones entre los hombres, especialmente en lo pertinente con la producción y el consumo de los recursos naturales, tanto a nivel local como a nivel internacional, considerando que la acción masiva de las sociedades humanas produce siempre efectos globales sobre los equilibrios que mantienen la vida de todos los seres en este planeta.
Del mismo modo, debe redefinirse el manejo de los residuos de la producción, incluyendo los de tipo sólido, líquido o gaseosos, siempre con la mirada fija más allá del egoísmo, puesto que sabemos ya con certeza, que todos los hombres nos perjudicamos con los daños infringidos al medio ambiente.
La nueva ética de permitirnos entender, que es inadmisible que otras personas con menos suerte que nosotros, se dediquen en condiciones indignas a disponer los residuos de nuestro diario accionar, mientras nosotros alteramos con esa conducta no solamente al medio ambiente, sino las posibilidades de muchos seres humanos y de las futuras generaciones.
